Daniela y el abismo

CDRA

por @basketistas

Daniela mira hacia el abismo. Ante ella es lo que está viendo en estos momentos, un abismo que amenaza con engullir su medio de vida que no es otro que el Café Amara, frente a Pompiliano. Son tiempos duros para todos, para la economía general, pero para la hostelería lo están siendo quizá aún más.

Pero Daniela sonríe siempre. Entras en su establecimiento, te recibe en su casa, y enseguida le sale ese deje de madre y te pregunta cómo estás y qué quieres tomar, insiste, sobre todo más que como cliente como alguien conocido a quien recibir con cortesía y ofrecerte lo que tiene. Le gusta el trato con la gente, le gusta su trabajo y eso se nota. Ahora lleva dos años ya complicados y hoy, aunque sonríe, lo hace con un trasfondo de tristeza en su mirada. Hablas con ella y lo agradece, te cuenta su historia en España que lleva ya 18 años en nuestro país con su familia, trabajando sin parar pero añorando su Rumanía natal. Ante la desesperanza de la situación presente, pensar en volver a su país se le antoja algo balsámico, cerrar una etapa vital y volver a los orígenes. Allí, cuenta, se están haciendo una casa en el pueblo de su marido, ellos con sus propias manos y alguna ayuda familiar. Los meses de vacaciones en España se escapan a su pueblo a ir avanzando la construcción de su casa, su proyecto de ¿jubilación? Pero es luchadora también y no quiere irse anticipadamente.

Daniela, su marido y sus tres hijos llegaron a Zaragoza tras un breve paso por La Mancha. Recuerda su llegada a Zaragoza y sus inicios en la hostelería. Te habla de cómo para ella el trabajo es algo que se lleva en la sangre, en lo que se implica, y cuenta con amargura sus últimas experiencias con gente contratada a su cargo. Porque desde el 2015 regenta el Café Amara, cuando acabó tomando la decisión de ser su propia jefa, cansada de ver el rumbo que tomaba el sector. Que la «traspasaran» como si fuera parte del mobiliario de un bar fue la gota que colmó el vaso. Recuerda sus inicios en Amara junto a sus dos hijas, la inauguración multitudinaria, su barra llena de tapas y especialidades de cocinas europeas. Se le empaña la mirada recordando su ilusión de entonces y maldiciendo su presente.

Ahora  solo parece quedarle la ilusión de su familia y su futura casa en Rumanía  que te enseña con orgullo. Pero como decimos, es una luchadora y no quiere rendirse, quiere seguir con lo que le gusta un tiempo más y quiere que Amara siga siendo ese lugar que llenó de ilusión hace cinco años. Su pesadilla ahora es un alquiler elevado, que no consigue revisar con la propietaria, y un espacio exterior de la comunidad de propietarios, que no puede emplear para la única actividad que hoy puede mantener con vida a la hostelería, las terrazas. Esas dos circunstancias le pesan como un lastre que la amenaza con llevar hacia el abismo. Pendiente de un último intento que le permita montar unas mesas en el exterior no deja de intentar reinventarse.

Es la historia de Daniela y hay miles de ellas en estos días, pero para nosotros ella aún es más especial porque desde el primer día decidió apoyarnos como club y hasta en ocasiones ha adaptado su horario de apertura a nuestros horarios. Nunca ha faltado su café y su sonrisa hasta en las mañanas de un domingo, cuando ha acumulaba toda la semana trabajando de siete de la mañana a once de la noche.

Por eso hoy más que nunca sentimos que tenemos que apoyarle. Ahora, sin terraza, sin poder consumir en el interior, Amara se intenta mantener sobre todo con la posibilidad de encargar bocadillos, raciones, tablas de embutidos, bebidas… Se puede encargar el pedido de 7h a 16h por teléfono llamando al 876 282 955. De todos modos sigue sirviendo consumiciones en sus mesas de pie a la entrada de su local en Arzobispo Morcillo 40. Sea del modo que sea, solo por sentirse apoyada, seguro que Daniela os regala una sonrisa.

 

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