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II Taller para padres CDRA

CDRA

“Si hacemos de entrenadores, nuestra hija se queda sin padres”

Por Héctor Gutiérrez

El pasado domingo 27 de octubre, se celebró un taller dirigido a las familias del Club Deportivo Reino de Aragón.  El objetivo de dicha reunión fue establecer las funciones propias de los padres y los entrenadores en el proceso de aprendizaje deportivo de nuestras hijas.

Todos los padres estamos profundamente preocupados por la educación de nuestras hijas y hacemos verdaderos esfuerzos por ayudarles en las diferentes etapas de su vida.  Sin embargo, debemos ser capaces de diferenciar cuáles son las cosas que debemos hacer como padres y madres, y cuáles las que debe hacer el entrenador como máximo responsable del proceso de aprendizaje deportivo de nuestras hijas.

No se puede perder de vista que, si bien la práctica deportiva es una dimensión muy importante en el crecimiento personal de nuestras hijas, existen otras igualmente importantes.  De tal forma que, si queremos poder acompañar a estas jóvenes deportistas (también músicas, estudiantes, científicas, mecánicas o ingenieras) de forma integral, no es apropiado ejercer el rol de entrenador (ni de profesor de música, profesor de matemáticas, responsable de laboratorio, jefe de taller o ingeniero jefe).  El motivo fundamental es que, si “ejercemos de entrenadores nuestras hijas se quedan sin padres”.

Parece obvio decir que existen barreras para contarle a tu jefe un problema personal, que a tu entrenador no le dirías que estás pensando en abandonar la práctica deportiva o que a tu profesor no le dirías que no comprendes como se puede explicar tan mal una asignatura.  Así, si queremos ayudar a nuestras hijas en algunos de los momentos verdaderamente difíciles que van a tener, tenemos que crear un ambiente de mutua confianza en el que únicamente seamos eso, sus padres.

si queremos ayudar a nuestras hijas en algunos de los momentos verdaderamente difíciles que van a tener, tenemos que crear un ambiente de mutua confianza en el que únicamente seamos eso, sus padres

Para aprender a diferenciar dichos comportamientos, los de los padres y los del entrenador, los asistentes al taller construimos un inventario de conductas apropiadas.  Este ejercicio sirvió para reconocernos haciendo cosas “de entrenador” y para buscar alternativas “de padre” que puedan ayudar igualmente a nuestras hijas.  Pongamos algunos ejemplos.

Todas nuestras hijas pasan nervios antes de una competición.  Los psicólogos dirían que “tienen ansiedad precompetitiva”.  En ocasiones, camino del pabellón, queremos darles a nuestras hijas la mejor de las charlas tácticas para ayudarle a resolver esta situación.  Teniendo en cuenta que esta es una tarea que seguro va a hacer su entrenador (de hecho, es una de sus funciones) podemos encontrar algunas alternativas para ejercer “de padres y madres”.  Algunas de las propuestas de nuestras familias fueron “mantenerse dispuesto a escuchar a nuestras hijas, pero respetar el silencio si así lo prefiere la deportista” o “distraer la atención de la jugadora hablando de otras cuestiones triviales u organizar actividades familiares de ocio no relacionadas con el baloncesto en los días previos”.

Para favorecer que nuestras hijas se sientan competentes y autónomas en la práctica de su deporte (lo que ayudará a que mi hija mantenga el interés por la práctica deportiva) optamos por dejarle al entrenador las observaciones técnico-tácticas tras un partido y preferimos, como padres, resaltar otros comportamientos y actitudes no estrictamente deportivos (reforzar el esfuerzo por estudiar que nuestra hija hace cuando vuelve de entrenar, darle las gracias por organizarse el material deportivo de forma autónoma, darle la enhorabuena por planificarse la agenda de forma que pueda hacer todas las actividades que le gustan…) que pudieran aumentar la motivación de nuestra hija por jugar a baloncesto.

Otra situación que salió a debate tuvo que ver con la autoconfianza.  Con cómo el proceso de crecimiento personal de mi hija puede verse afectado por una percepción insuficiente de recursos para resolver una situación (o por una percepción exagerada de amenaza en un contexto determinado).  En contra de lo que le pasa a un entrenador, los padres conocemos mucho mejor todas las dimensiones de nuestras hijas.  De esta forma, aunque deportivamente pueda haber momento de desconfianza, siempre vamos a poder reforzar algunos comportamientos no deportivos que en situaciones complejas nuestra hija es capaz de aplicar.  De forma concreta, cuando el equipo de nuestra hija se siente desconfiado ante un partido especialmente difícil, una estrategia “de padre” podría ser reflexionar con nuestra hija sobre cómo se comporta en otras situaciones difíciles para resolver con éxito dicha situación.  Las habilidades personales se pueden construir con experiencias deportivas, pero también la experiencia personal fuera del baloncesto puede ayudar a nuestras hijas a practicar deporte de forma más satisfactoria.

Por último, de especial importancia en la adolescencia, estuvimos hablando del sistema de valores.  Esta variable, que una vez configurada en esta etapa de la vida, nos acompañará determinantemente en la edad adulta, es competencia del entrenador, pero desde luego de los padres.  Así, más allá de “esforzarte para ganar” o “jugar en equipo”, las madres y padres siempre vamos a encontrar comportamientos coherentes con los valores que debemos reforzar si consideramos apropiados (“enhorabuena por el trabajo de todo el año”, “me parece fantástico que hayas ayudado a la jugadora rival cuando se ha caído”, “creo que es muy positivo que tengas buena relación con las rivales una vez que termina el partido” …), y criticar si nos parecen inadecuados (“te comprometiste a entrenar con el equipo y no me parece bien que no vayas a entrenar”, “todos los rivales se merecen que compitáis de forma humilde”, “creo que justificar la derrota por el arbitraje y no hacer autocrítica no es la mejor forma de aprender” …).

Como se puede ver, sin meternos en las funciones del entrenador (que no se las deseo a nadie porque son muy complejas), las familias podemos ayudar a que la experiencia deportiva de nuestras hijas contribuya de la mejor forma posible a su educación.  En cualquier caso, como casi siempre, lo difícil es hacerlo.  Y como sabemos que es difícil y que nos quedan muchas conversaciones pendientes, os invitamos a que participéis en la próxima actividad formativa.  Parafraseando una de las ideas más repetidas durante el taller, demos seguir trabajando para convertirnos en “madres y padres de alto rendimiento”.

Héctor Gutiérrez Pablo
hgutierrez@usj.es
www.educacioninformal.com

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